Roedores

 ¿se pueden cuantificar estos daños económicamente?

Los daños en productos alimenticios pueden ser enormes. En función del producto, su fase de producción y el país, podemos encontrar pérdidas del 1-2% de todo lo producido hasta países con pérdidas superiores al 25%. Lo anterior se traduce en cantidades enormes de millones de dinero perdido.

En multitud de ocasiones se determina que un incendio que ha destruido una casa tenía su origen por el deterioro que sufren las instalaciones eléctricas al ser roídas por estos mamíferos. Existen estimaciones que de las roturas del cableado eléctrico más del 10% puede tener su origen en los roedores, de todos modos, al igual que los daños alimenticios, es difícil de determinar datos exactos.

Es por ello que actualmente nuestra legislación en Control de Plagas, tanto la NORMA UNE 171210 como la 16636 En ambientes interiores, se aplica el criterio de umbral de tolerancia cero, requisito que condiciona el diseño y mantenimiento de las instalaciones como medida de impedimento al acceso de roedores.

Los roedores son mamíferos vivíparos, es decir, las crías se desarrollan en el interior de la madre durante unos 19-22 días y cuando se completa el desarrollo salen al exterior mediante el parto. Las crías de roedores nacen sin pelo y con los ojos y los oídos cerrados. Durante las primeras semanas se alimentan de leche materna y en 2-4 semanas en función de la especie se produce el destete. Las hembras suelen dar a luz unas 4-12 crías en cada parto, unas 20-35 crías durante toda su vida, que suele ser de aproximadamente un año. Las crías maduran sexualmente a los 2-3 meses.

Los roedores son animales territoriales que viven en colonias. Cada colonia tiene un macho dominante, una o más hembras, varios machos subordinados y las crías de camadas recientes. En este contexto, se produce una lucha constante entre los machos jóvenes y los machos dominantes por la posesión del territorio.

Los roedores tienen una actividad principalmente nocturna. En el caso de las ratas y a diferencia de otros roedores, crean madrigueras. En el caso de la rata común o de alcantarilla la madriguera es subterránea, y a medida que va creciendo la población se expande y se conecta a otros escondites creando una compleja red de túneles subterráneos. En el caso de la rata negra o de tejado las madrigueras suelen ubicarse en árboles, vigas del techo, áticos o huecos de los techos o de las paredes, y raramente son subterráneos.

La actividad roedora de estos animales puede causar graves daños estructurales y eléctricos en los edificios afectados. Además, pueden constituir un vector de transmisión de enfermedades a los humanos como la rabia, el cólera, la peste, la hepatitis o la salmonelosis.

El contagio de enfermedades se puede producir por contacto directo a través de una mordedura o de forma indirecta por la ingesta de alimento o agua contaminada que haya estado en contacto directo con los roedores o sus excrementos.